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lunes, 12 de junio de 2017

Porqué soy Republicano

Porqué soy Republicano
©Edgard Zuluaga
1) La República

Definicion: Una república es una forma de organización y de gobierno del estado donde el ejercicio del poder recae en los ciudadanos. Es lo opuesto a la tiranía, a la concentración del poder en manos de una minoría.

Primero, en una república, la ley gobierna a través de las instituciones.

Segundo, en un sistema de gobierno republicano, se intenta combinar la garantización de la libertad individual de cada ciudadano con la producción de la riqueza.
OBS: Con libertad y riqueza, eventualmente puede desarrollarse el gobierno de los mejores, esto es la aristocrácia.

El ejercicio del poder (GOBIERNO) es la participación activa en la gestión del estado.

El estado es el proceso resultante, orientado a una cierta forma de vida cívica, que es resultado complejo y variable en el tiempo de factores convergentes de naturaleza cívica, territorial, política y cultural estructurados en forma de instituciones, que son las formas materiales en que se brinda a los ciuadadanos el amparo de la ley.

Monarquía (PODER O PRIMACÍA)> Tiranía
Aristocrácia (VIRTUD)> Oligarquía (RIQUEZA)
Democrácia (LIBERTAD)> Demagogia

La república intenta incluir las virtudes de estas tres formas de gobierno para eliminar sus versiones degradadas. Para participar activamente y eficientemente en la gestión del estado, un ciudadano debe tener garantizadas tres condiciones necesarias

a- libertad
b- propiedad
c- institucionalidad del estado

2) Porqué soy Repúblicano
Primero, propongo el siguiente argumento o secuencia de consideraciones:

I - Si existe un ciudadano x, tal que este ciudadano es soberano (un individuo libre que no tiene que pedir permiso para existir, que recibe las consecuencias de procesos que protagoniza al menos parcialmente), entonces este ciudadano debe participar activamente en la gestión de los asuntos del estado.

II - Porque, si la gestión de los asuntos del estado tiene consecuencias para la existencia soberana de un ciudadano x, tal que pertenece al estado, entonces este ciudadano es soberano (dueño de su existencia), siempre y cuando participe en la gestión del estado, ya que si no participa en la gestión del estado, entonces simplemente recibe las consecuencias de gestiones totalmente realizadas por otros. Y esto equivale a ser objeto de una tiranía, a estar sometido y no ser soberano.

III -Por lo tanto, si la soberanía de la existencia es la condición bajo la cual un ciudadano se involucra activamente en la gestión del estado, entonces se desprende (por la regla lógica del modus tollens) que un ciudadano que no participa activamente de la gestión de los asuntos del estado no es soberano, no es libre de existir sin tener que pedir permiso y solo recibe consecuencias estatales de acciones de terceros.

Segundo, desde mi punto de vista, la postura más racional, es desear participar de la gestión de los procesos cuyas consecuencias se reciben, porque es la única forma de promover los resultados deseables y de evitar los resultados indeseables bajo una determinada ética. Esta participación ciudadana sólo es posible en el régimen de la república, porque es el único que se propone garantizar a los ciudadanos la libertad y la riqueza suficiente para que puedan participar activamente en los asuntos del estado.

Por lo tanto la república es la forma de organizar el estado más racional, consiguientemente, la más deseable.

3) Consecuencia: Rechazo del totalitarismo

Diré sucintamente, que los movimientos posmodernos que componen el progresismo, son la redefinición del marxismo en términos culturales. O sea, suponen la traslación de la doctrina totalitarista marxista al terreno de la cultura. Han redefinido la metodología revolucionria en una pedagogía de izquierda, que adoctrina a los ciudadanos en las categorías del marxismo cultural.

En las entradas anteriores, establecí mi rechazo por el totalitarismo cultural, implantado tras la revolución cultural.

La causa de este rechazo es fácil de comprender, como ciudadano, veo mi soberanía personal comprometida por los movimientos totalitarios que han encontrado en la cultura el terreno donde desarrollar sus políticas de tiranía colectiva y de consiguiente supresión de la libertad individual.

¿Por qué? Porque la revolución cultural tiene como propósito la inversión sistemática de los valores culturales tradicionales.

Esto significa que mis valores republicanos basados en apego a la soberanía sobre mi propia existencia individual y la forma en que personalmente quiera definirla, en el marco de los derechos que me otorga mi calidad de ciudadano con determinadas libertades individuales, para el revolucionario cultural deberían ser invertidos.

Si una inversión tal se produjese, yo dejaría de ser el soberano de mi existencia y de la forma en que yo quiera definirla. Me transformaría en una agente de revolución cultural, impulsor de un esquema totalitario de comportamientos y de valores, basado en un paradigma colectivista y relativista, por lo tanto irracional y sofístico.

No puedo más que rechazar este totalitarismo que desea privarme de mis posibilidades de ser libre, de guiarme por mi propia racionalidad (no por la coerción colectiva), y de poseer mi propia riqueza, para desde esta base, desarrolar en excelencia las posibilidades de mi virtud.

Yo rechazo el marxismo porque es enemigo de la razón, de laverdad, de la libertad y de la virtud.

Bibliografía:
PLATÓN - "La República" - 1941 AUSTRAL
ARISTÓTELES - "Política" - 1941 AUSTRAL

ORTEGA Y GASSET - "La rebelión de las masas" - 1937 AUSTRAL

Consecuencia: Rechazo del totalitarismo

3) Consecuencia: Rechazo del totalitarismo

Diré sucintamente, que los movimientos posmodernos que componen el progresismo, son la redefinición del marxismo en términos culturales. O sea, suponen la traslación de la doctrina totalitarista marxista al terreno de la cultura. Han redefinido la metodología revolucionria en una pedagogía de izquierda, que adoctrina a los ciudadanos en las categorías del marxismo cultural.

En las entradas anteriores, establecí mi rechazo por el totalitarismo cultural, implantado tras la revolución cultural.

La causa de este rechazo es fácil de comprender, como ciudadano, veo mi soberanía personal comprometida por los movimientos totalitarios que han encontrado en la cultura el terreno donde desarrollar sus políticas de tiranía colectiva y de consiguiente supresión de la libertad individual.

¿Por qué? Porque la revolución cultural tiene como propósito la inversión sistemática de los valores culturales tradicionales.

Esto significa que mis valores republicanos basados en apego a la soberanía sobre mi propia existencia individual y la forma en que personalmente quiera definirla, en el marco de los derechos que me otorga mi calidad de ciudadano con determinadas libertades individuales, para el revolucionario cultural deberían ser invertidos.

Si una inversión tal se produjese, yo dejaría de ser el soberano de mi existencia y de la forma en que yo quiera definirla. Me transformaría en una agente de revolución cultural, impulsor de un esquema totalitario de comportamientos y de valores, basado en un paradigma colectivista y relativista, por lo tanto irracional y sofístico.

No puedo más que rechazar este totalitarismo que desea privarme de mis posibilidades de ser libre, de guiarme por mi propia racionalidad (no por la coerción colectiva), y de poseer mi propia riqueza, para desde esta base, desarrolar en excelencia las posibilidades de mi virtud.

Yo rechazo el marxismo porque es enemigo de la razón, de laverdad, de la libertad y de la virtud.

Bibliografía:
PLATÓN - "La República" - 1941 AUSTRAL
ARISTÓTELES - "Política" - 1941 AUSTRAL

ORTEGA Y GASSET - "La rebelión de las masas" - 1937 AUSTRAL

jueves, 8 de junio de 2017

2) Porqué soy Repúblicano

2) Porqué soy Repúblicano

Primero, propongo el siguiente argumento o secuencia de consideraciones:

I - Si existe un ciudadano x, tal que este ciudadano es soberano (un individuo libre que no tiene que pedir permiso para existir, que recibe las consecuencias de procesos que protagoniza al menos parcialmente), entonces este ciudadano debe participar activamente en la gestión de los asuntos del estado.

II - Porque, si la gestión de los asuntos del estado tiene consecuencias para la existencia soberana de un ciudadano x, tal que pertenece al estado, entonces este ciudadano es soberano (dueño de su existencia), siempre y cuando participe en la gestión del estado, ya que si no participa en la gestión del estado, entonces simplemente recibe las consecuencias de gestiones totalmente realizadas por otros. Y esto equivale a ser objeto de una tiranía, a estar sometido y no ser soberano.

III -Por lo tanto, si la soberanía de la existencia es la condición bajo la cual un ciudadano se involucra activamente en la gestión del estado, entonces se desprende (por la regla lógica del modus tollens) que un ciudadano que no participa activamente de la gestión de los asuntos del estado no es soberano, no es libre de existir sin tener que pedir permiso y solo recibe consecuencias estatales de acciones de terceros.

Segundo, desde mi punto de vista, la postura más racional, es desear participar de la gestión de los procesos cuyas consecuencias se reciben, porque es la única forma de promover los resultados deseables y de evitar los resultados indeseables bajo una determinada ética. Esta participación ciudadana sólo es posible en el régimen de la república, porque es el único que se propone garantizar a los ciudadanos la libertad y la riqueza suficiente para que puedan participar activamente en los asuntos del estado.

Por lo tanto la república es la forma de organizar el estado más racional, consiguientemente, la más deseable.


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1) La República

1) La República

Definicion: Una república es una forma de organización y de gobierno del estado donde el ejercicio del poder recae en los ciudadanos. Es lo opuesto a la tiranía, a la concentración del poder en manos de una minoría.

En un sistema de gobierno republicano, se intenta combinar la garantización de la libertad individual de cada ciudadano con la producción de la riqueza.

OBS: Con libertad y riqueza, eventualmente puede desarrollarse el gobierno de los mejores, esto es la aristocrácia.

El ejercicio del poder es la participación activa en la gestión del estado.


El estado es el proceso resultante, orientado a una cierta forma de vida cívica, que es resultado complejo y variable en el tiempo de factores convergentes de naturaleza cívica, territorial, política y cultural estructurados en forma de instituciones, que son las formas materiales en que se brinda a los ciuadadanos el amparo de la ley.

Porqué soy Repúblicano


martes, 30 de mayo de 2017

LA REVOLUCIÓN CULTURAL: La destrucción del estado de derecho

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I - El estado de Derecho

El estado de derecho es el proceso resultante, orientado a una cierta forma de vida cívica, que es resultado complejo y variable en el tiempo de factores convergentes de naturaleza cívica, territorial, política y cultural estructurados en forma de instituciones, que son las formas materiales en que se brinda a los ciudadanos el amparo de la ley.

Las instituciones son el resultado fáctico y orgánico, de las formas establecidas por el soberano, en que se organiza la vida cívica.

En el estado moderno, el soberano es (al menos en teoría) el pueblo, o la sumatoria de los ciudadanos individuales.

Por lo tanto, las instituciones son la forma en que el pueblo, soberano, o conjunto de los ciudadanos individuales, ha organizado su vida cívica.

Las instituciones son más simples o más complejas, son más o menos materialmente contrastables (ej, el poder judicial) o son más bien intangibles como la noción de "libertad individual".

La base de nuestras instituciones es el intangible concepto de la "libertad individual", el cual sin embargo tiene un registro amplio de contrastación empírica o material en relación a nuestra experiencia psíquica.

II - La destrucción del estado de derecho: la corrección política y la censura

Por lo tanto, cualquier agresión a las libertades individuales o a las instituciones que las garantizan es una agresión al soberano, aunque sea realizada por un grupo mayoritario.
Por ejemplo: el ciudadano de un estado donde sólo puede decirse lo que permite la censura no es libre, el ciudadano que tiene que pedir permiso para existir (como ocurre en los regímenes totalitarios) no es libre y ha sido agredido en sus libertades individuales él mismo, como el propio soberano del que forma parte.

La estrategia global de los grupos que atacan el estado de derecho es erosionar, infiltrar e invertir los valores culturales que existen al amparo del estado de derecho, para eliminar la necesidad del derecho y sustituirlo por el totalitarismo, donde el estado, ya no de derecho sino de facto, usurpa toda la soberanía que antes era de los ciudadanos.

Digamos que el estado de derecho o gobierno de la ley, que garantiza nuestras posibilidades de ejercer nuestra libertad individual puede ser atacado con tácticas de acción directa sobre nuestro campo de acción o de reacción frente a la acción libre.

La táctica directa de ataque al estado de derecho consiste en adiestrar a los individuos en una doctrina de agresión e intolerancia hacia el estado de derecho y el ejercicio libre de los derechos naturales que debe gozar un ciudadano bajo el amparo de la ley. Esta estrategia se implementa mediante el adiestramiento en la "corrección política" sobre todo en el sistema educativo público, que los movimientos de izquierda han infiltrado, para crear un sentido común que naturaliza el totalitarismo en la percepción de las personas. Llamo a esto, "pedagogía de izquierda".

La táctica indirecta de ataque al estado de derecho es la ya mencionada "censura", que consiste en reaccionar públicamente frente a determinados discursos con el propósito de descalificarlos y eliminarlos del espectro público. La forma típica en que esto se hace es la demonización: no nos ha de extrañar que se califique de "nazi" o "o fascista" un mero discurso liberal. Esto sólo supone un acto de retórica, lo grave es que las masas absorben y reproducen este tipo de comportamiento, una vez que están adiestradas en el pensamiento único que es la "corrección política".

La censura consiste en la supresión del libre discurso, inconsistente con el discurso propugnado por el agente censurante. Los agentes de la censura habitualmente representan el discurso dominante e intentan eliminar la disidencia a una forma de pensamiento pretendidamente único y, por lo tanto, totalitario. La pedagogía moderna es censura, la educación estatal de los gobiernos progresistas es censura, el discurso mediático es censura y la corrección política también es censura.

Donde haya censura al libre discurso individual, no habrá libre ejercicio de la ciudadanía, en tanto la libertad de discurso sea una libertad individual.

III -El totalistarismo posmoderno: usurpación del estado de derecho por la cultura total

Los grupos que actualmente atacan al estado de derecho son los movimientos posmodernos de izquierda que podemos catalogar y reunir bajo el rótulo de "Marxismo cultural".

El marxismo cultural es una evolución del marxismo que redefine el dogma marxista de lucha clases por el de lucha entre oprimidos y opresores y que sustituye la agenda de revolución material del marxismo tradicional por un programa de revolución cultural.

Tanto el marxismo como su vástago son ideologías totalitarias, formas de discurso orientadas a la dirección de las masas, autodenominadas fin y conclusión de la historia, representan una forma de discurso censor, negador de todo otro discurso, que pretenden erigirse en explicaciones totalizantes del universo y de la historia de nuestro pensamiento. La doctrina del comunismo reza "nosotros y no yo": pero una doctrina como esta supone conclusión de todos los diálogos, así habla la voz del rebaño, el espíritu de la manada, el alma de la colmena y de la masa. Esto es censura porque clausura las posibilidades del discurso por fuera de los discursos legitimados colectivamente, lo cual supone de plano partir de una retórica que no soporta la revisión de la lógica, en la medida en que supone lo que debería demostrar, que es por cierto la estrategia estándar de los progresistas y marxistas culturales: suponerlo todo y no demostrar nada.

Por lo tanto, el comunismo es enemigo del estado de derecho, garantía de nuestras libertades individuales, así como es enemigo de las nociones más elementales de la lógica y de los requisitos mínimos de la racionalidad, único árbitro que pueden tener los diálogos humanos.

Yo, como individualista del espíritu y de la conciencia, como ser racional comprometido con la superación individual y con la afirmación de mi existencia individual soberana, me declaro abiertamente enemigo de la mente de colmena, del cretinismo colectivo que significa la adherencia irracional a un principio de obediencia plural, rechazo los discursos progresistas construidos a base de frases comunes, estandarizadas y establecidas sistemáticamente por una pedagogía de la decadencia: qué se joda toda la puñetera pedagogía de la nueva izquierda.

IV - La paradoja de la cultura total

Se supone que el marxismo cultural quiere eliminar las fuentes de opresión cultural y liberar a los grupos culturales oprimidos de la sujeción a que los someten los grupos culturales dominantes.

Pero yo veo una flagrante paradoja en el totalitarismo de la cultura total.
¿Por qué paradoja? Porque este pensamiento de colmena que es la cultura total, esconde en el fondo algo opuesto a una concepción total del universo, o sea a concebir la existencia individual como parte de una totalidad de orden superior, lo cual no sería para nada inconsistente con un individualismo cultural, del espíritu, de las ideas que acepte la necesidad la vida social para la supervivencia.

El pensamiento de colmena oculta en su núcleo un egoísmo basado en la identificación con el cuerpo y consiguientemente, como lo hacen todos los que se identifican con su cuerpo, con la primacía de los intereses asociados a la preservación de la existencia material, consecuencia lógica del materialismo que impregna la ideología de la izquierda.

Aunque hable con la voz de la colmena, aunque piense con el pensamiento de la colmena, el marxista cultural en su fuero interno considera que la concreción de su capricho egoísta es más importante que la preservación de la colmena: simplemente la usa para obtener ventajas frente a los que lo dejarían atrás en un régimen de comportamiento exterior a la colmena. Porque sólo puede desear la totalización de la colmena aquel cuyos intereses sólo se pueden realizar a través de ésta.

Sin embargo, en cualquier momento la mente del enjambre, que no se controla a si misma sino que es controlada por la fuente de sus estímulos, puede prescindir de sus miembros en base a consideraciones instrumentales, como Mao, Lenin y Stalin prescindieron de la existencia de millones. Porque la identificación de la existencia con la materia tiene como consecuencia la prescindibilidad de la vida individual en beneficio de un sistema material más grande que, como resultante de un complejo entramado de procesos materiales, no tiene ningún tipo de conciencia y que, si bien no tiene su auto-conciencia bien puede ser dirigido, precisamente porque no la tiene, porque todo lo que carece de consciencia se mueve en virtud de causas externas.

Por lo tanto, la conclusión de la revolución cultural significa la sustitución de un esquema de comportamiento anterior, presumidamente opresivo, por un régimen de comportamiento colectivo y total, sin autoconciencia, controlado desde fuera.

V - El marxismo cultural no debe gobernar

Los movimientos posmodernos (la ideología de género, la censura, la corrección política, el feminismo) conforman un enjambre, decidido a destruirlo todo por la promesa de un mundo donde los débiles sean felices, donde los insectos y los seres de orden superior sean sus iguales. Esto, porque en el fondo consideran que ser humano consiste en ser un cuerpo sujeto tan sólo a causas externas.

Aunque los débiles se agrupen en manadas, aunque formen el grupo más numeroso, aunque quieran usurpar el lugar que los creadores ocuparon en el pasado, es vano su proyecto porque los creadores van a erigir monumentos nuevos, porque se van a sustraer a lugares solitarios donde no pueden alcanzarnos y porque en sus pensamientos, no pueden ni tan siquiera rozarlos.

El "nosotros" del enjambre es tan absurdo que no tiene evidencia alguna que lo respalde o lo justifique, más que su violencia material, que sin dudas puede contrastarse empíricamente pero que nunca lo legitima frente a la razón, no hay ningún proceso lógico que demuestre la preexistencia de la conciencia de grupo por sobre la conciencia individual y previa a ésta. Supone el instinto enfermo de un débil que no soporta la certeza de su existencia aislada y sólo puede sobrellevarla disolviendo su voluntad en un proceso colectivo. Es claro que la violencia neomarxista ejercida sobre la cultura no resiste una revisión hecha a la luz de las condiciones mínimas en que es posible la vida cívica en el marco de un estado de derecho.

Por ello, la vida cívica, como esfera de las libertades individuales no puede ser gobernada por animales, ya busquen privilegios, la preservación de su cuerpo o la realización de dogmáticas fantasías sociales, sin tener en cuenta las ajenas libertades individuales. Si los miembros de la mayoría agrupada se comportan como animales, entonces no deben gobernar.

La única existencia de la que podemos tener alguna evidencia es la que reza "yo, aquí y ahora" y la única necesidad que atraviesa la existencia aquí y ahora es la regla moral universal, aquella que todos deben seguir si actúan racionalmente, nunca la regla del capricho, la regla de la inclinación emocional o la regla de comportarse como un animal (claro, qué más da comportarse de cualquier manera si al fin y al cabo son todos iguales).


Es mejor ser libre con dolor que un esclavo con placer. E inclusive, el hipotético placer de ser un esclavo que ofrece el marxismo es dudoso. Además, los hombres no son iguales.

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LA REVOLUCIÓN CULTURAL: La destrucción del estado de derecho V. El marxismo cultural no debe gobernar

V - El marxismo cultural no debe gobernar

Los movimientos posmodernos (la ideología de género, la censura, la corrección política, el feminismo) conforman un enjambre, decidido a destruirlo todo por la promesa de un mundo donde los débiles sean felices, donde los insectos y los seres de orden superior sean sus iguales. Esto, porque en el fondo consideran que ser humano consiste en ser un cuerpo sujeto tan sólo a causas externas.

Aunque los débiles se agrupen en manadas, aunque formen el grupo más numeroso, aunque quieran usurpar el lugar que los creadores ocuparon en el pasado, es vano su proyecto porque los creadores van a erigir monumentos nuevos, porque se van a sustraer a lugares solitarios donde no pueden alcanzarnos y porque en sus pensamientos, no pueden ni tan siquiera rozarlos.

El "nosotros" del enjambre es tan absurdo que no tiene evidencia alguna que lo respalde o lo justifique, más que su violencia material, que sin dudas puede contrastarse empíricamente pero que nunca lo legitima frente a la razón, no hay ningún proceso lógico que demuestre la preexistencia de la conciencia de grupo por sobre la conciencia individual y previa a ésta. Supone el instinto enfermo de un débil que no soporta la certeza de su existencia aislada y sólo puede sobrellevarla disolviendo su voluntad en un proceso colectivo. Es claro que la violencia neomarxista ejercida sobre la cultura no resiste una revisión hehca a la luz de las condiciones mínimas en que es posible la vida cívica en el marco de un estado de derecho.

Por ello, la vida cívica, como esfera de las libertades individuales no puede ser gobernada por animales, ya busquen privilegios, la preservación de su cuerpo o la realización de dogmáticas fantasías sociales, sin tener en cuenta las ajenas libertades individuales. Si los miembros de la mayoría agrupada se comportan como animales, entonces no deben gobernar.

La única existencia de la que podemos tener alguna evidencia es la que reza "yo, aquí y ahora" y la única necesidad que atraviesa la existencia aquí y ahora es la regla moral universal, aquella que todos deben seguir si actúan racionalmente, nunca la regla del capricho, la regla de la inclinación emocional o la regla de comportarse como un animal (claro, qué más da comportarse de cualquier manera si al fin y al cabo son todos iguales).


Es mejor ser libre con dolor que un esclavo con placer. E inclusive, el hipotético placer de ser un esclavo que ofrece el marxismo es dudoso. Además, los hombres no son iguales.

LA REVOLUCIÓN CULTURAL: La destrucción del estado de derecho IV. La paradoja de la cultura total

IV - La paradoja de la cultura total

Se supone que el marxismo cultural quiere eliminar las fuentes de opresión cultural y liberar a los grupos culturales oprimidos de la sujeción a que los someten los grupos culturales dominantes.

Pero yo veo una flagrante paradoja en el totalitarismo de la cultura total.
¿Por qué paradoja? Porque este pensamiento de colmena que es la cultura total, esconde en el fondo algo opuesto a una concepción total del universo, o sea a concebir la existencia individual como parte de una totalidad de orden superior, lo cual no sería para nada inconsistente con un individualismo cultural, del espíritu, de las ideas que acepte la necesidad la vida social para la supervivencia.

El pensamiento de colmena oculta en su núcleo un egoísmo basado en la identificación con el cuerpo y consiguientemente, como lo hacen todos los que se identifican con su cuerpo, con la primacía de los intereses asociados a la preservación de la existencia material, consecuencia lógica del materialismo que impregna la ideología de la izquierda.

Aunque hable con la voz de la colmena, aunque piense con el pensamiento de la colmena, el marxista cultural en su fuero interno considera que la concreción de su capricho egoísta es más importante que la preservación de la colmena: simplemente la usa para obtener ventajas frente a los que lo dejarían atrás en un regímen de comportamiento exterior a la colmena. Porque sólo puede desear la totalización de la colmena aquel cuyos intereses sólo se pueden realizar a través de ésta.

Sin embargo, en cualquier momento la mente del enjambre, que no se controla a si misma sino que es controlada por la fuente de sus estímulos, puede prescindir de sus miembros en base a consideraciones instrumentales, como Mao, Lenin y Stalin prescindieron de la existencia de millones. Porque la identificación de la existencia con la materia tiene como consecuencia la prescindibilidad de la vida individual en beneficio de un sistema material más grande que, como resultante de un complejo entramado de procesos materiales, no tiene ningún tipo de conciencia y que, si bien no tiene su auto-conciencia bien puede ser dirigido, precisamente porque no la tiene, porque todo lo que carece de consciencia se mueve en virtud de causas externas.

Por lo tanto, la conclusión de la revolución cultural significa la sustitución de un esquema de comportamiento anterior, presumidamente opresivo, por un regímen de comportamiento colectivo y total, sin autoconciencia, controlado desde fuera.


LA REVOLUCIÓN CULTURAL: La destrucción del estado de derecho III. El totalistarismo posmoderno

III -El totalistarismo posmoderno: usurpación del estado de derecho por la cultura total

Los grupos que actualmente atacan al estado de derecho son los movimientos posmodernos de izquierda que podemos catalogar y reunir bajo el rótulo de "Marxismo cultural".

El marxismo cultural es una evolución del marxismo que redefine el dogma marxista de lucha clases por el de lucha entre oprimidos y opresores y que sustituye la agenda de revolución material del marxismo tradicional por un programa de revolución cultural.

Tanto el marxismo como su vástago son ideologías totalitarias, formas de discurso orientadas a la dirección de las masas, autodenominadas fin y conclusión de la historia, representan una forma de discurso censor, negador de todo otro discurso, que pretenden erigirse en explicaciones totalizantes del universo y de la historia de nuestro pensamiento. La doctrina del comunismo reza "nosotros y no yo": pero una doctrina como esta supone conclusión de todos los diálogos, así habla la voz del rebaño, el espíritu de la manada, el alma de la colmena y de la masa. Esto es censura porque clausura las posibilidades del discurso por fuera de los discursos legitimados colectivamente, lo cual supone de plano partir de una retórica que no soporta la revisión de la lógica, en la medida en que supone lo que debería demostrar, que es por cierto la estrategia estándar de los progresistas y marxistas culturales: suponerlo todo y no demostrar nada.

Por lo tanto, el comunismo es enemigo del estado de derecho, garantía de nuestras libertades individuales, así como es enemigo de las nociones más elementales de la lógica y de los requisitos mínimos de la racionalidad, único árbitro que pueden tener los diálogos humanos.


Yo, como individualista del espíritu y de la conciencia, como ser racional comprometido con la superación individual y con la afirmación de mi existencia individual soberana, me declaro abiertamente enemigo de la mente de colmena, del cretinismo colectivo que significa la adherencia irracional a un principio de obediencia plural, rechazo los discursos progresistas construidos a base de frases comunes, estandarizadas y establecidas sistemáticamente por una pedagogía de la decadencia: qué se joda toda la puñetera pedagogía de la nueva izquierda.

LA REVOLUCIÓN CULTURAL: La destrucción del estado de derecho II

II - La destrucción del estado de derecho: la corrección política y la censura

Por lo tanto, cualquier agresión a las libertades individuales o a las instituciones que las garantizan es una agresión al soberano, aunque sea realizada por un grupo mayoritario.
Por ejemplo: el ciudadano de un estado donde sólo puede decirse lo que permite la censura no es libre, el ciudadano que tiene que pedir permiso para existir (como ocurre en los regímenes totalitarios) no es libre y ha sido agredido en sus libertades individuales él mismo, como el propio soberano del que forma parte.

La estrategia global de los grupos que atacan el estado de derecho es erosionar, infiltrar e invertir los valores culturales que existen al amparo del estado de derecho, para eliminar la necesidad del derecho y sustuirlo por el totalitarismo, donde el estado, ya no de derecho sino de facto, usurpa toda la soberanía que antes era de los ciudadanos.

Digamos que el estado de derecho o gobierno de la ley, que garantiza nuestras posibilidades de ejercer nuestra libertad indidual puede ser atacado con tácticas de acción directa sobre nuestro campo de acción o de reacción frente a la acción libre.

La táctica directa de ataque al estado de derecho consiste en adiestrar a los individuos en una doctrina de agresión e intolerancia hacia el estado de derecho y el ejercicio libre de los derechos naturales que debe gozar un ciudadano bajo el amparo de la ley. Esta estrategia se implementa mediante el adiestramiento en la "corrección política" sobre todo en el sistema educativo público, que los movimientos de izquierda han infiltrado, para crear un sentido común que naturaliza el totalitarismo en la percepción de las personas. Llamo a esto, "pedagogía de izquierda".

La táctica indirecta de ataque al estado de derecho es la ya mencionada "censura", que consiste en reaccionar públicamente frente a determinados discursos con el propósito de descalificarlos y eliminarlos del espectro público. La forma típica en que esto se hace es la demonización: no nos ha de extrañar que se califique de "nazi" o "o fascista" un mero discurso liberal. Esto sólo supone un acto de retórica, lo grave es que las masas absorven y reproducen este tipo de comportamiento, una vez que están adiestradas en el pensamiento único que es la "corrección política".

La censura consiste en la supresión del libre discurso, inconsistente con el discurso propugnado por el agente censurante. Los agentes de la censura habitualmente representan el discurso dominante e intentan eliminar la disidencia a una forma de pensamiento pretendidamente único y, por lo tanto, totalitario. La pedagogía moderna es censura, la educación estatal de los gobiernos progresistas es censura, el discurso mediático es censura y la corrección política también es censura.


Donde haya censura al libre discurso individual, no habrá libre ejercicio de la ciudadanía, en tanto la libertad de discurso sea una libertad individual.

LA REVOLUCIÓN CULTURAL: La destrucción del estado de derecho I - El estado de Derecho

I - El estado de Derecho 

El estado de derecho es el proceso resultante, orientado a una cierta forma de vida cívica, que es resultado complejo y variable en el tiempo de factores convergentes de naturaleza cívica, territorial, política y cultural estructurados en forma de instituciones, que son las formas materiales en que se brinda a los ciuadadanos el amparo de la ley.

Las instituciones son el resultado fáctico y orgánico, de las formas establecidas por el soberano, en que se organiza la vida cívica.

En el estado moderno, el soberano es (al menos en teoría) el pueblo, o la sumatoria de los ciudadanos individuales.

Por lo tanto, las instituciones son la forma en que el pueblo, soberano, o conjunto de los ciudadanos individuales, ha organizado su vida cívica.

Las instituciones son más simples o más complejas, son más o menos materialmente contrastables (ej, el poder judicial) o son más bien intangibles como la noción de "libertad individual".

La base de nuestras instituciones es el intangible concepto de la "libertad individual", el cual sin embargo tiene un registro amplio de contrastación empírica o material en relación a nuestra experiencia psíquica.

lunes, 29 de mayo de 2017

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